EL SUSURRO CLANDESTINO

EL SUSURRO CLANDESTINO
"La Inducción sin abducción es ciega, la abducción sin inducción es vacía" "Jugar al juego por el bien del juego"

martes, 24 de enero de 2012

LA INTELIGENCIA EN SU ASPECTO ORGANIZATIVO


Al hilo de la reflexión sobre la disciplina de inteligencia en el marco teórico surge inevitablemente el cuestionamiento del marco funcional y organizativo, es decir, cómo se gestiona el conocimiento en los servicios de inteligencia. En efecto, la inteligencia constituye una institución; es una organización física de seres vivos que persigue, como fin, una clase especial de conocimiento. En este sentido “la comunidad de inteligencia tal y como la conocemos hoy en los países occidentales democráticos es una burocracia clásica ya planteada por Max Weber (sociólogo alemán del siglo XIX, e inventor del concepto de burocracia), la cual está caracterizada por operaciones rutinarias, centralización y por una cadena de mando jerarquizada”.(Díaz Matey, 2008, p.66). Afirma Antonio M. Díaz Fernández: “Para comprender el proceso de crecimiento de una organización productora de inteligencia puede sernos útil emplear la teorización que en 1972 estableció Larry Greiner. Para este profesor de la Universidad de Harvard las organizaciones son criaturas vivas: incluso aquéllas a las que se pretende dotar de un organigrama y de unos recursos precisos y tasados albergarían en su interior la ineludible necesidad de superar una serie de fases o ciclos vitales como parte natural de su proceso de creación” (Díaz Fernández, p.1). El planteamiento de Greiner, el papel central que le entrega a la crisis como punto de inflexión, parece especialmente indicado para analizar el caso de la inteligencia española, no exenta de crisis y de cambios en los últimos treinta años. Pero, en general, las crisis y los cambios de modelo son inherentes a todos los servicios de inteligencia. Sirva como ejemplo el mismo nacimiento de la CIA (sustituyendo a la Oficina de Servicios Estratégicos OSS), creada por el presidente Truman a raíz del desastre de Pearl Harbour y que supuso de facto que el FBI perdiera toda autoridad en materia de informaciones estratégicas[1]. Gary Hamel, especialista en gestión empresarial y fundador de “Strategos” indica cuál es el camino correcto: “Y ahí está el reto: crear organizaciones capaces de renovarse continuamente sin crisis previas que lo justifiquen”. Para comprender el  entramado organizacional en un servicio de inteligencia, su entorno y su microambiente informacional podemos leer a  Thomas Davenport y su teoría de la ecología de la información (Davenport, 1997).

Los cambios en nuestro servicio de inteligencia, a raíz de los atentados del 11M en la capital española, fueron definidos como una “revolución” por la Vicepresidenta del Gobierno. Una revolución que se ha plasmado, entre otras medidas, en la creación del Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista (CNCA) y la constitución de la Comisión Delegada para Asuntos de Inteligencia, que preside la propia Vicepresidenta. (Fernández de la Vega, 2006). Más cerca en el tiempo se sitúa la reciente crisis que se ha producido en el CNI y cuya consecuencia directa ha sido la dimisión del antiguo director del centro Alberto Saiz. Después de una época turbulenta le ha correspondido al nuevo director, el general Félix Sanz Roldan, la laboriosa tarea de pacificar el centro y hacer que las tumultuosas aguas vuelvan a su cauce. Para ello ha tenido que corregir la estructura interna del centro. Así, ha dado más poder a la secretaria general, Elena Sánchez, convirtiéndola de facto en el numero dos del CNI. El nuevo esquema responde a la convicción de que el sistema implantado por Saiz, en el que el departamento de inteligencia (DI) y el departamento de operaciones (DO) estaban a un mismo nivel, generaba tensiones. El nuevo modelo, mas jerarquizado, evita estas tensiones. Siguiendo esta línea, el nuevo director ha recuperado personas que él ha considerado marginadas en la anterior etapa. Una de esas personas es Agustín Cassiniello[2], director de inteligencia durante solo cuatro meses en 2008, que fue destituido por Saiz de forma abrupta generando malestar en muchos miembros del CNI. El ambicioso plan de reorganización se ha completado con la creación de una serie de organismos. En primer lugar se ha formado un gabinete técnico del director del Centro. Están funcionando además un Consejo de Lecciones Aprendidas, dedicado a analizar los errores cometidos en el pasado y a planificar el futuro de los servicios de inteligencia, y un Consejo Asesor de Personal. Todos estos esfuerzos han contribuido a mejorar el clima laboral que se respira en el CNI.

Hay una relación crucial entre información y poder. Uno de los riesgos de cualquier institución, en el aspecto funcional, como señala Peter Jackson, es su politización. De hecho, la historia está sembrada de casos en los que determinadas instituciones cedieron ante las presiones del poder político. Por ejemplo, la antigua inquisición fue, muchas veces, un instrumento utilizado por las monarquías de media Europa para lograr determinados fines políticos. Los servicios de inteligencia no son ajenos a este riesgo y pueden llegar a acomodar su información a los intereses políticos predominantes. Pero también se ha dado el revés de la moneda, es decir, el poder público y político es manejado por determinados servicios de inteligencia o de información para satisfacer intereses privados o individuales. Es el caso de Edgar Hoover. El que fuera director del Federal Bureau of Investigation (FBI) desde 1924, controló a los sucesivos presidentes y fiscales generales, a quienes, en ocasiones, amenazó con desvelar escándalos en caso de ser destituido, lo que le permitió, a pesar de las críticas, permanecer en su cargo hasta su muerte en 1972. España no se ha librado de algo parecido en tiempos recientes, aunque de una forma más cómica. No obstante, las comparaciones son siempre odiosas. Se le atribuye al presidente norteamericano Johnson una curiosa analogía relacionando política y servicios de inteligencia:
“La política es como ordeñar una vaca. Ves la leche salir, aprietas más y la leche burbujea y sale; y justo cuando el cubo está lleno, la vaca con su rabo empuja el cubo y todo se derrama. Esto es lo que la CIA hace a la política” (Garulo Muñóz, 2009, p.75, tomado de Johnson y Wirtz, 2004).



[1] La CIA nace como expresión de un tirón de orejas al FBI como consecuencia de Pearl Harbor. Las relaciones entre ambas agencias nunca han sido fáciles. Los últimos fallos de seguridad en Detroit y en el Times Square, que han tenido como consecuencia directa la destitución de Dennis Blair como Director Nacional de Inteligencia, han servido para poner sobre la mesa, una vez más, estas difíciles relaciones entre ambas agencias y también la difícil tarea de cualquiera que asuma el cargo de Director Nacional de Inteligencia. En los últimos cinco años tres directores han pasado por ese cargo: Negroponte, Blair y Clapper.
[2] Cassinello (Director del Departamento de Inteligencia) tuvo un enfrentamiento abierto con Francisco Montes (Director del Departamento de Operaciones) por el enfoque que este último le estaba dando a la lucha contra ETA. Casinello fue cesado. Meses después, comenzó la filtración de información a la prensa, que dejó en evidencia supuestos malos comportamientos de Saiz, que terminó siendo sustituido por Félix Sanz, el actual director.

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